El 9 ninguna se mueve… ¿y después?

El 9 ninguna se mueve… ¿y después?: En el marco del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, a nivel internacional miles de grupos organizados y mujeres miembros de la sociedad civil se han sumado a El 9 Ninguna se Mueve, manifestación trasladada al día 9 del mismo mes, por ser un día hábil, para mostrar la importancia de su género en la realización de tareas que forman parte de la vida cotidiana y que no suelen ser reconocidas, pero que son imprescindibles para que su entorno funcione.

El 9 ninguna se mueve… ¿y después?

La iniciativa consiste en llevar a cabo un paro nacional de mujeres, dejando de asistir a clases, actividades laborales, así como evitando consumir productos o servicios de ninguna índole, como forma de protesta y demanda de justicia, ante la violencia de la que son víctima.

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En México, la fecha que años atrás representaba ocasión para demandar la igualdad de derechos laborales y sociales, este año se verá transformada en una plataforma para exigir que los casos de maltrato, acoso y feminicidios se frenen y sean castigados.

Durante diciembre del año pasado el diario El Financiero reportó que del 2015 al 2019, los feminicidios crecieron en un 111% a nivel nacional, mientras que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estimó que seis de cada 10 mexicanas han enfrentado algún incidente violento durante su vida, y refiere que el feminicidio es la representación más extrema de esa violencia.

Respecto a los efectos de esta manifestación y de acuerdo con informes del medio de comunicación El Economista, un día sin mujeres puede implicar la paralización del 40% de la fuerza laboral mexicana y un valor promedio de 25mil 744 millones de pesos. Si a esto se le suma el trabajo no remunerado, como el que realizan las mujeres en casa sin recibir un salario, la cifra superaría los 37mil millones de pesos.

Sin embargo, es poco probable que el 100 por ciento de las mujeres mexicanas pausen sus quehaceres para unirse a esta manifestación pacífica, haciendo muy difícil que este movimiento logre el alcance y notoriedad que se desea.

Para lograr un impacto positivo, es necesario generar espacios de reflexión en los que intervengan familias, instituciones educativas y entidades gubernamentales, destacando las encargadas de brindar seguridad y bienestar social, consideró la Doctora María del Carmen Echeverría del Valle, Directora Académica de CETYS Universidad Campus Mexicali.

Estrechar estos lazos es una opción que se ha planteado reiteradamente y que se viene intentando desde hace tiempo; sin embargo, hay que llevarla a cabo hasta que salga bien, pues sin un cambio de raíz es imposible subsanar las condiciones de inseguridad, desigualdad y machismo en las que actualmente se desenvuelven las mujeres, indicó.

“Este es un asunto de sociedad, todo un contexto cultural, social, familiar, profesional; es muy complejo. Falta analizarlo, y no caer en la posibilidad de que el paro nacional se convierta en un “permiso” para ir a casa a ver tv, sin entender de qué se trata, sin reflexionarlo”.

Por otra parte, imaginando que la mayoría de las mujeres cumplieran con el llamado de no salir de casa, ni hacer ningún tipo de compras, aunque marcarían la historia contemporánea del país, sería importante plantearse ¿qué sucederá después?, consideró la académica.

“Hay que pensar que, si como mujer decides participar y no haces la compra el lunes, seguramente la hiciste el domingo o la harás el martes. La vida no se puede detener, necesitas víveres en casa. Entonces hay que ir mucho más allá de eso, y no dejar que esto se vuelva una cuestión política o de consecuencias puramente económicas, pues sin que estas dejen de ser importantes, esto va mucho más allá, tiene que ver con el reconocimiento de la dignidad de la persona, sea hombre o mujer. Escuchamos muchas opiniones, pero no está habiendo una reflexión sobre las causas y efectos de esta problemática”.

La profesora señaló que se trata de una conversación amplia y profunda que debe hacerse en el hogar y reforzarse en escuelas y centros de trabajo. “Tenemos que trabajar en la familia. En casa se enseña cómo ser respetuoso, tolerante, compasivo, misericordioso y caritativo con el otro y eso nada tiene que ver con el género”, concluyó.