La lectura, un hábito de responsabilidad social en los adolescentes

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Los primeros hábitos de aprendizaje se siembran en el hogar y, si los niños y jóvenes no ven leer a sus padres, no pueden imitar este ejemplo. Si no observan conductas de responsabilidad social, de protección al ambiente, difícilmente ellos adoptarán estos hábitos. Dicen que una vida productiva se basa en darle su tiempo a cada cosa, hoy en día los adolescentes no ponen límites a la cantidad de horas de televisión, chat o navegación por la red que consumen.

Doctorado en Innovación y Responsabilidad Social

Para que realmente se pueda generar un amor a la lectura y entender lo que se lee, es necesario pensar en crear hábitos y desde ahí crear lectores talentosos, con capacidad de valorar lecturas en su variedad y calidad. Despertar en ellos las lecturas sobre el medio ambiente y el valor de nuestro planeta.

El hábito es un comportamiento repetido regularmente, necesita de poco o casi ningún raciocinio, pues es un comportamiento aprendido que va creciendo mientras se practica. Su utilidad es poder acortar tiempos, es decir nos permite hacer un mayor número de cosas, aprovechando los procesos mentales en otras situaciones que requieran mayor complejidad de acciones.

Cuando hablamos de la lectura como un hábito, y la responsabilidad ambiental, hablamos de ir generando un importante bagaje cultural. No se plantea una lectura sin pensar en lo que leemos, sino más bien en no cuestionar los beneficios de la lectura y y de la formación de esa “responsabilidad social”, desde una temprana edad.

Lo más importantes de fomentar la lectura en adolescentes es crear la capacidad de juicio, de análisis, de espíritu crítico y conciencia de un planeta limpio, para un futuro cercano.

En México, menos de la mitad del total de su población tiene gusto por la lectura. Se estima que personas mayores de 12 años, anualmente, leen 2.9 libros.

Entre los 12 y 17 años (61%) es el rango que se posiciona en primer lugar; de los 18 a los 22 años, sólo el 53.5% lee un libro al año, y el 48.8% de los jóvenes de entre 23 y 30 años tiene el hábito de la lectura.

 

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