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Los ODS y el Índice de Progreso Social

Los ODS y el Índice de Progreso Social: El desarrollo sostenible del cual somos responsables todas y cada una de las instancias, organizaciones, personas y habitantes de este planeta, solo será posible si logramos sumar acciones. La creación de valor compartido parte del reconocimiento de los diferentes actores y para ello resulta imprescindible saber quiénes son esos actores y cuáles son sus retos frente al desarrollo sostenible (Porter y Cramer, 2018).

Los ODS y el Índice de Progreso Social

La investigación aplicada que soporta este capítulo tuvo la finalidad de establecer algunos puntos de encuentro entre el área donde se construyó una planta industrial en Acopinalco, Apan Hidalgo, para verificar su contribución a las acciones del desarrollo y, de ese modo, crear valor en la región. Reconocer a la comunidad de la cual la empresa es parte, es una premisa para el ejercicio de la responsabilidad social, en este sentido, la investigación se enfocó en ubicar las necesidades sociales del área de influencia.

Bajo tal propósito, se exploran las necesidades sociales desde el reconocimiento de la dinámica cultural propia del área. La metodología se diseñó bajo una lógica deductiva, en referencia a los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Índice de Progreso Social. En primera instancia, se realizó una exploración estadística de la región, lo cual permitió tener una mirada macro respecto a las comunidades. En un segundo momento, se realizaron visitas de campo, para contrastar la información estadística y obtener un producto cuyo contenido combina la información cuantitativa y cualitativa, lo cual enriquece la perspectiva sobre el área.

Para analizar los resultados de la investigación realizada, el presente texto se divide en cinco apartados centrales. En el primero se establecen los conceptos eje y las formas de aproximación que dan sentido al análisis. El segundo apartado muestra la información estadística y las generalidades que caracterizan la región estudiada. El tercer y cuarto apartado son resultado del análisis del trabajo de campo y de su caracterización, y describe de manera puntual cada una de las localidades que se visitaron. El apartado quinto se concentra en el análisis de los resultados de una encuesta aplicada, con lo cual se visibilizan las principales necesidades sociales, como retos para el desarrollo de la región y, al mismo tiempo, se presentan algunas sugerencias de acciones que hay que impulsar para contribuir al desarrollo. El apartado de conclusiones contiene proposiciones derivadas del análisis realizado.

Los análisis que se presentan en el capítulo permiten reconocer algunos grupos de interés externos, ubicar la dinámica cultural de una región propensa al desarrollo industrial, mostrar las principales necesidades sociales de dicha región y los efectos de su insatisfacción actual. Estos aspectos constituyen retos para lograr el desarrollo sostenible y, a través de acciones con pertinencia cultural orientadas a satisfacer necesidades humanas básicas, fortalecer el bienestar, potencializar las oportunidades de las personas y promover el crecimiento económico.

LA PERSONA: EJE DEL DESARROLLO

Nuestra perspectiva general consiste en “colocar a la persona en el centro del desarrollo”. Para ello se utilizan dos posturas básicas: por un lado, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Por otro lado, el Índice de Progreso Social (IPS). La combinación de ambas propuestas integra los análisis que se discuten a continuación.

El desarrollo se ha planteado como ese “estado deseado” al que todos los países deben llegar para gozar de bienestar y prosperidad. La visión más común al respecto es colocar el crecimiento económico como motor para el progreso de las naciones. De esta manera, los organismos internacionales trazaron las rutas para que los países menos favorecidos siguieran este camino (Sen, 2000). Sin embargo, este esfuerzo no genera el bienestar deseado, debido a que el incremento de la riqueza económica no se traduce en bienestar individual y colectivo. Por lo cual se han planteado concepciones alternativas del desarrollo Sen (2000). Durante las últimas décadas del siglo XX se amplió el panorama para redefinir el sentido del concepto de desarrollo, cambiando la interrogante de ¿Cuánto produce una nación? a ¿Cómo está la gente? De esta manera, la mirada pasó a centrarse en la persona y su bienestar (Sen, 2000).

El desarrollo humano es un concepto que surgió a partir de las aportaciones del enfoque de capacidades de Amartya Sen (2000), y fue impulsado por el Plan de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Dicho desarrollo se define como un proceso a través del cual se amplían las opciones y las capacidades que tienen las personas, de tal modo que puedan mejorar su esperanza de vida, su salud, el nivel educativo y de acceso a una vida digna (Dubois, 2000).

El enfoque de las capacidades (Sen, 2000) plantea dos conceptos clave: funcionamientos y capacidades. Los funcionamientos intentan explicar los resultados que consiguen las personas gracias a los bienes obtenidos; por lo tanto, se hace la aclaración de que tener bienes no es lo mismo que conseguir bienestar. En el caso de las capacidades, las personas deben tener la libertad de poder elegir los funcionamientos que consideren adecuados para su bienestar. Este concepto se ha enriquecido por la aportación de diferentes autores, integrándose a la discusión sobre cuáles son las capacidades que son necesarias, y en la actualidad se sigue construyendo (Sen, 2000).

LA SOSTENIBILIDAD

La sostenibilidad es otro aspecto importante que genera nuevas propuestas, planteando las preocupaciones sobre los escenarios futuros, en caso de continuar con los modelos productivos que impulsan solo el crecimiento económico. Como lo plantea Dubois (2000), el desarrollo se relaciona con la idea de futuro, por lo cual es necesario resaltar la relación del ser humano con el medio ambiente y el uso responsable de los recursos. Esta relación es central en el concepto de Desarrollo Sostenible (DS), definido por la Comisión Brundtland como la “satisfacción de las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades” (Comisión Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo, 1987, p. 67).

El desarrollo sostenible busca lograr un equilibrio entre los factores económicos, sociales y ambientales. Esta visión se ha impulsado durante las últimas tres décadas, resaltando la importancia de implementar estrategias para cubrir las necesidades básicas, eliminar las desigualdades sociales y revertir los efectos del cambio climático que amenazan los diferentes ecosistemas naturales.

Este propósito requiere el compromiso de diferentes actores del sector privado, público y de la sociedad civil, por lo que en la actualidad se emprenden grandes esfuerzos para implementar la agenda 2030, como eje rector para el desarrollo de las naciones. Esta agenda contempla 17 objetivos que se enmarcan en cinco grandes ejes: Persona, Planeta, Prosperidad, Paz y Alianzas. Cada uno de los objetivos se divide en metas e indicadores que requieren un proceso de adaptación a la realidad de cada país. Para los propósitos del presente capítulo, se describen de manera general los componentes de los Objetivos de Desarrollo Sostenible eje del análisis (Cepal, 2016).

  • Personas: su enfoque está centrado en poder erradicar la pobreza, cubrir las necesidades básicas del ser humano: alimentación, educación, salud e igualdad de género, para garantizar un ambiente sano, digno y en equidad (Cepal, 2016).
  • Planeta: considera agua limpia y saneamiento, producción y consumo responsables, acción por el clima, vida de ecosistemas terrestres y energía asequible y no contaminante. Tiene como objetivo asegurar el acceso al agua potable, como derecho humano fundamental; de igual forma, proteger el planeta de la degradación por contaminación, prácticas productivas y de consumo desmedidas que han llevado a la destrucción de ecosistemas y a la extinción de especies animales, y también es preciso implementar nuevas tecnologías para mitigar los efectos del cambio climático (Cepal, 2016).
  • Prosperidad: se basa en la posibilidad de generar los medios para contrarrestar las desigualdades marcadas por grandes brechas en la posesión de recursos económicos y capacidad adquisitiva, y que a su vez los recursos se produzcan en trabajos dignos. De igual forma, considera la necesidad de impulsar ciudades y comunidades sostenibles, donde se asegure que todas las personas puedan disfrutar de una vida próspera y que todo progreso económico, social y tecnológico se dé en armonía con la naturaleza (Cepal, 2016).

Esta visión del desarrollo sostenible implica grandes esfuerzos para alcanzar su propósito, sin embargo, aún no son suficientes, debido a que persisten las estructuras económicas y sociales que consideran al crecimiento económico como motor de desarrollo y lo priorizan frente al bienestar individual y colectivo.

Aunado a este propósito de alcanzar un desarrollo sostenible, surgen nuevas propuestas como el Índice de Progreso Social (IPS) para aportar al desarrollo, y complementarlo, centrando su atención en otros aspectos que no son contemplados directamente en los ODS (Porter y Stern, 2018).

El progreso social es la capacidad de una sociedad de satisfacer las necesidades humanas fundamentales de sus ciudadanos, de establecer cimientos que permitan mejorar y mantener la calidad de vida de sus ciudadanos y comunidades, y de crear las condiciones para que todos los individuos alcancen su pleno potencial. (Porter y Stern, 2018, p. 3).

La medición del IPS no incluye variables económicas, centra su mirada en la persona y en factores necesarios para el pleno desarrollo, como son: necesidades básicas, fundamentos del bienestar y generación de oportunidades. El índice está compuesto por 12 componentes y 50 indicadores que ayudan a medir el estado de cada una de las naciones, sean países desarrollados o en vía de desarrollo.

Es importante resaltar que el IPS se une a las nuevas visiones de desarrollo, las cuales centran su mirada en el ser humano y su la relación con el medio ambiente, donde el crecimiento económico desempeña un papel importante, pero no al punto de considerarse el eje central para lograr bienestar y prosperidad. Además, el IPS habla de las necesidades de las personas, tanto individuales como colectivas, lo cual es un factor determinante para que el desarrollo sea un estado permanente.

La actualidad plantea diversos retos en lo social, por lo que las necesidades sociales deben ser analizadas con detenimiento para ampliar la perspectiva de los requerimientos básicos. Esto último es fundamental para permitir una vida digna y, a su vez, construir un ambiente sano, cohesionado, interconectado y con los medios que, de forma libre, les permitan a las personas aprovechar las oportunidades para desarrollar sus potenciales.

La dinámica actual de globalización demanda estar en apertura y en constante comunicación, por lo que es importante resaltar la importancia de lo local. Como lo define Dubois (2000), la localidad se relaciona con el redescubrimiento del significado de los lugares y las comunidades, a partir de los cuales se hace factible gestar proyectos comunes.

Asimismo, como plantea Furtado (1984): “Se produce el desarrollo cuando en la sociedad se manifiesta una energía, capaz de canalizar, de forma convergente, fuerzas que estaban latentes o dispersas” (p. 149). Por lo que es esencial promover el empoderamiento para generar ejercicio ciudadano y sentido de pertenencia, en el que las personas entienden sus derechos, deberes y su rol protagonista para generar bienestar.

La Figura 6 muestra cómo el IPS se conjuga con los ODS. Los espacios coloreados en gris son aquellos que el IPS no considera y ahí se pueden encontrar los indicadores económicos. El IPS y los ODS se complementan para aportar una visión más integral del desarrollo. En consecuencia, el análisis presentado en este capítulo considera cada uno de los aspectos de ambos enfoques, para desmenuzar en qué objetivos se representa el desarrollo y cómo este se puede impulsar desde la suma de acciones de diferentes fuerzas que se conjugan en el caso del Estado de Hidalgo (México).

Figura 6. Índice de Progreso Social (IOS) y Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Fuente: Porter y Stern (2018)

UNA APROXIMACIÓN MIXTA AL CASO DEL ESTADO HIDALGO

La combinación entre indagación documental, cuantitativa y etnográfica, permite identificar necesidades sociales y ambientales de los grupos de interés de una organización; en este caso, aquellos pertenecientes a un área de influencia representada por ocho comunidades ubicadas en el perímetro de 5 km a la redonda de una planta industrial en el Estado de Hidalgo: Acopinalco, Chimalpa-Tlalayote, Voladores, Tepetates, Emiliano Zapata, Santa Barbara, Santa Clara y José María Morelos.

Así, a nivel sociodemográfico, la indagación documental indica que la población total que habita el área de influencia, según las cifras del censo de 2010,     es de 99.684 personas, de las 18 cuales el 52 % son mujeres y el 48 % son hombres. En la pirámide poblacional se observa que el rango de edad que prevalece es de 18 a 49 años, que corresponde a la edad productiva y reproductiva. Esta información pone de manifiesto que la región cuenta con un bono demográfico benéfico en materia económica.

De acuerdo con cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), la región en cuestión se caracteriza porque más del 50 % de la población está en situación de vulnerabilidad por carencias sociales.    Estas carencias se ven reflejadas en la 19 ausencia de bienestar en los indicadores que considera el Coneval. Estos son: rezago educativo, acceso a servicios de salud, acceso a la seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, servicios básicos en la vivienda y acceso a la alimentación. En promedio, el 8,8 % de la población es vulnerable debido a tres o más carencias sociales. La información muestra un panorama donde el ingreso no es suficiente para una vida digna.

Respecto al área de influencia directa, el ingreso mensual de la población se muestra en la Figura 7. Se observa que un 43 % de las personas viven con un ingreso mensual entre $3.000 y $6.000 pesos mexicanos (equivalente a entre 148 y 296 dólares); y el 36 % solo alcanzan un ingreso de entre $500 y $3.000 pesos mexicanos (25-148 dólares). Si se considera que, según Coneval, para 2018 (año de la realización del estudio) el ingreso mínimo mensual por persona

(línea de bienestar mínima) era de aproximadamente $10.000 pesos mexicanos (500 dólares

  1. Se retoma la información del censo de 2010 debido a que la Encuesta Intercensal de 2015 no contiene información desagregada por comunidad.
  2. Vulnerables por carencias sociales: Aquella población que presenta una o más carencias sociales, pero cuyo ingreso es superior a la línea de bienestar (Glosario Coneval).

aprox.), y que, en la región estudiada, en promedio viven 3,5 personas por casa (3,5 *10.000 = $35.000), es evidente que el 36 % de la población no cubre ni siquiera la canasta básica.

Figura 7. Ingresos mensuales. Fuente: elaboración propia

A partir de las encuestas a miembros del área de influencia de la planta industrial, se observa que el 62 % de las personas encuestadas manifiestan que el ingreso mensual es insuficiente para cubrir las necesidades cotidianas. Incluso, en el municipio de Apan, el 18,7 % de la población sobrevive con menos de lo necesario para adquirir la canasta básica, mientras que en promedio solo el 50 % de la población logra adquirir la canasta básica alimentaria y la no alimentaria.

Al mismo tiempo, en cuanto a niveles educativos, según el Coneval, en promedio, la población solo estudia la primaria completa y un año de secundaria. Este nivel de escolaridad es bajo, sobre todo si se considera que el perfil mínimo para acceder a un trabajo formal es la secundaria concluida y en muchos empleos requieren educación media superior o, incluso, técnica y universitaria.

PERCEPCIONES SOBRE EL DESARROLLO EN EL ÁREA INFLUENCIA

La Figura 8 permite observar la percepción de la comunidad y de los estudiantes sobre las principales problemáticas que les están afectando y que consideran que perseverarán en un futuro a mediano y largo plazo:

Figura 8: Principales problemáticas Fuente: elaboración propia. Estudio, 2018.

Nota: el instrumento permitió a las personas encuestadas elegir o sugerir más de una problemática.

Se puede observar que los dos grupos encuestados comparten su visión sobre las diferentes problemáticas, siendo el desempleo (48 %) la principal preocupación. De igual forma, los dos grupos identifican las mismas problemáticas en un diferente orden. La conjugación entre la anterior y las demás percepciones analizadas permitió agrupar las problemáticas en seis ejes que, desde el punto de vista de la población estudiada, son prioritarios: Sustentabilidad, Salud, Ejercicio ciudadano, Educación, Trabajo e Inseguridad (ver Figura 9). De cada eje se desprenden diversas problemáticas. Estas representan los principales retos que tiene el área de influencia directa para lograr el desarrollo; son las áreas de oportunidad donde la generación de valor compartido podría detonar importantes avances en la región. A continuación, se discute alrededor de cada uno de los ejes, en la proporción correspondiente al grado de importancia que la misma comunidad les otorgó.

Figura 9. Ejes priorizados. Fuente: elaboración propia.

Eje sustentabilidad

En el ámbito de la sustentabilidad, se presentan como principales problemáticas la escasez de agua y el desinterés por el medio ambiente. Ambas cuestiones se manifiestan en el desperdicio de agua a causa de fugas, la inadecuada disposición de basuras o la contaminación del canal de aguas negras de Acopinalco.

Existen diversos hechos vinculados a la escasez del agua; por ejemplo, la falta de cultura de pago, que se manifestó en las entrevistas y se vincula con la ausencia de mantenimiento de la infraestructura, dado que hacen falta recursos para invertir y mantener una infraestructura eficiente. También acciones como el desperdicio para lavar patios, autos o el uso irresponsable del vital líquido.

Las prácticas anteriores, evidenciadas mediante la observación etnográfica, se ven acompañadas de un bajo nivel de consciencia frente al problema ambiental. Ello se trasluce en las respuestas a la pregunta “¿Considera que en un corto o mediano plazo se verá afectado el acceso a agua potable?”; frente a la cual, un escaso 16,15 % del total de encuestados respondió que el acceso al agua sí se verá afectado en el futuro.

Es importante notar que en la población joven existe la conciencia respecto a que, dentro de las principales causantes de la futura escasez de agua, se encuentran no solo las malas prácticas de fábricas ubicadas en la región, sino también los inadecuados hábitos de consumo de la población en sí misma.

El descuido del medio ambiente en la zona de influencia de la planta industrial, también se ve reflejado en los espacios públicos. Estos últimos, además de estar llenos de basura, carecen de suficientes áreas verdes. En ese sentido, la encuesta arrojó que los estudiantes identifican que la limpieza en los espacios públicos requiere atención, ya que es regular para el 47 %, buena según el 22 % y deficiente para el 21 %.

En cualquier caso, puede plantearse que, frente a las problemáticas asociadas al medio ambiente, no basta perfilar intervenciones en y desde la comunidad o las empresas de la zona; sino que se requiere de una corresponsabilidad entre las personas que viven en la localidad, y los miembros de organizaciones (estatales, privadas y sociales) que también habitan o transitan en la zona.

Frente a la necesidad anterior, se presenta como obstáculo cultural el imaginario representado por una frase común expresada por los actores de la zona durante el trabajo de campo: “esperar a que todo lo solucione el gobierno”. Por ejemplo, la comunidad de José María Morelos se presenta más limpia, porque hay una persona encargada de la limpieza de los espacios públicos, quien es pagada por la administración municipal; sin embargo, esto no representa más que un deslinde de la población para mantener limpio su espacio. Esto constituye una oportunidad para fomentar el ejercicio ciudadano por medio del voluntariado. Acción que, además, promovería la cohesión entre las personas del área de la influencia y la empresa.

Eje salud

La salud es uno de los temas más sentidos de la población. El 45 % de la misma manifiesta insatisfacción ante la carencia de suficientes servicios de salud para la comunidad. Dentro de tales servicios, los entrevistados destacaron principalmente el acceso a medicamentos, personal especializado, instrumental y atención a emergencias. Si bien existen casas de salud en cada comunidad, y se cuenta con centros más grandes en las cabeceras municipales y un hospital regional, la infraestructura pierde valor porque dichas casas no abren todos los días, los centros no tienen material ni medicamentos y en los hospitales hace falta personal, instrumental y medicamentos. Ante este contexto, la población opta por los servicios médicos particulares, sin embargo, esto genera una gran brecha, ya que los ingresos no son suficientes ni para lo básico. En palabras de algunos entrevistados, “en emergencias se requieres el uso de ambulancias, no había en los hospitales, no se puede mover al paciente … en Apan no cuentan con ambulancia de terapia intensiva, las ambulancias las tiene DIF” (Informante C); “ahora simplemente no hay servicio de noche, van a Apan o Calpulalpan pero la atención es mucho más eficiente… hay falta de medicamentos, prefieren asistir a un consultorio médico particular o a la clínica, hacen un balance en economía y gastos…” (Informante B).

Eje ciudadano

La indiferencia por el bien común es la principal problemática del eje de ejercicio ciudadano, pues es, precisamente ese ejercicio, desde una lógica de corresponsabilidad, lo que impulsa la creación de valor compartido. Sin duda, el impulso de acciones de voluntariado podría detonar la participación ciudadana y con ello, fortalecer las respuestas a problemáticas como el descuido, el medio ambiente y la inseguridad. En este punto, es importante considerar que el intercambio de experiencias intergeneracionales permitiría a la población más joven reconocer la importancia de la gestión comunitaria que hicieron los ahora adultos mayores y que representó, por mucho tiempo, la mejor opción para el desarrollo de las comunidades.

No obstante, frente a las posibilidades de dinamismo ciudadano enunciadas, se presenta un panorama desalentador. El 21 % de los encuestados manifestó no hacer nada por su comunidad, y aunque el 73 % dijo barrer su calle, es una acción de beneficio personal y no tanto a favor del bien común. Lo anterior, se presenta tanto en los encuestados jóvenes, como en los adultos. Dato que confirma la urgente necesidad de promover un ejercicio ciudadano que permita a las comunidades fortalecer la gestión comunitaria intergeneracional como un mecanismo de desarrollo.

La participación ciudadana local representa una condición necesaria para fortalecer la corresponsabilidad en todos los ámbitos ciudadanos. Mediante el impulso del ejercicio ciudadano se asegura una activa participación de las personas, no solo respecto a la exigencia de la garantía de sus derechos, sino también para el cumplimiento de sus obligaciones.

Eje trabajo

En el eje de trabajo la precariedad laboral se considera la principal problemática, misma que se manifiesta en aspectos como las jornadas laborales extenuantes, el salario básico o por debajo de la línea de bienestar. Esta precariedad se profundiza por ser una población con bajo índice de escolaridad y muy poca iniciativa para el emprendimiento. Un aspecto que requiere especial atención es la situación de las mujeres, quienes son las encargadas de desempeñar trabajo de cuidados con niños y personas adultas mayores o enfermas, y que, por lo mismo, aceptan trabajos precarios, como la costura por destajo, o bien no trabajan de manera remunerada y viven en dependencia económica. Lo anterior, aunado a una gran cantidad de madres solteras, profundiza las desigualdades y reproduce un círculo de vulnerabilidad.

Respecto a los salarios, un 48 % de las personas encuestadas los considera regulares y un 31 % deficientes. Si se tiene en cuenta que las personas que se emplean en las empresas en su mayoría tienen la educación básica concluida, se espera que tengan los empleos con menor remuneración. La mayoría de las mujeres trabaja en la manufactura, un sector sumamente precario. Es común que las mujeres se queden horas extras a fin de obtener un mejor ingreso. El trabajo remunerado de las mujeres se suma a las labores domésticas y de cuidado, lo que representa una doble jornada para ella, situación que a su vez impide disfrutar de un tiempo de ocio o esparcimiento, sin que quede tiempo para ser parte de iniciativas políticas o de organización colectiva.

En adición a lo anterior, los informantes señalaron lo siguiente:

Los salarios son pésimos y en algunos lugares no les dan prestaciones, el salario más común es de $700 (35 dólares) a la semana, si sacan más es por horas extras, el salario de obreros puede ser de $900 (45) semanales. Varios trabajos en las fábricas son solo por proyecto y cuando termina el contrato todos van para afuera; para no crear antigüedad, hasta cinco años y los despiden, no se generan beneficios, no se otorgan las prestaciones (…). (Informante B).

En CAJAPLAX dicen que pagan poco porque solo empaquetan, su trabajo no es laborioso (…). (Informante C).

Otro aspecto importante es la falta de iniciativa de emprendimiento. En este sentido, un 86 % de los encuestados pone la falta de capital como el principal obstáculo para emprender. Esto se refleja en el nivel de ingresos de las familias que no alcanza para cubrir las necesidades básicas y menos para ahorrar con miras a invertir en algún negocio. Vale la pena prestar atención al porcentaje de las personas encuestadas que manifiesta falta de conocimientos en los negocios o que nunca habían pensado en tener un negocio propio. Ambas razones tienen el 4 %, por lo que resulta interesante la existencia de un porcentaje que no se cierra a las posibilidades de emprender bajo el argumento de falta de capital que es muy común.

Las respuestas de los estudiantes son un poco más alentadoras, porque el 22 % considera un obstáculo el hecho de la falta de conocimientos y experiencia en los negocios. Sin embargo, es precisamente, desde los espacios educativos, desde donde se puede impulsar la formación de emprendedores/as en la región.

En las respuestas a la pregunta sobre ¿en qué invertirían si tuvieran el capital necesario?, destaca que el 62 % se dedicaría al comercio y el 11 % compraría tierras o inmuebles. La información muestra las principales áreas de oportunidad para impulsar el emprendimiento.

Sin duda, el emprendimiento representa un área que podría impulsar el desarrollo de manera importante. Por lo cual, también resulta alentador saber que el 52 % de las personas encuestadas tiene la idea de iniciar un proyecto o negocio propio. Ante esta respuesta, el impulso a iniciativas de emprendimiento en la región podría detonar una transformación que, a su vez, impulse el crecimiento económico y desarrollo en un largo plazo.

Eje educación

La educación representa un factor de movilidad social. Se ha demostrado que un mayor nivel educativo representa más y mejores oportunidades para el desarrollo de las familias. La principal problemática del eje de educación es el bajo nivel educativo. Es importante retomar que los datos estadísticos arrojaron que en el área de influencia el grado promedio de escolaridad es de 6,84, que significa apenas primero de secundaria. Algunas de las causas más representativas asociadas a esta problemática son: la falta de recursos para invertir en educación, la falta de motivación y el embarazo adolescente. Es un hecho que en la región prevalecen estereotipos de género y argumentos sexistas que ponen a las mujeres como futuras esposas que no necesitan estudiar porque serán mantenidas.

Otra de las causas del bajo nivel educativo es la falta de recursos familiares que sean invertidos en la educación. Ante los bajos niveles de ingresos familiares —referidos más atrás—, la prioridad es la canasta básica de alimentos, seguida de los gastos en transporte, de tal manera que la educación no es vista como un derecho, sino como un privilegio, porque se requiere de un ingreso mayor para solventar los estudios de las infancias y juventudes de las familias. Situación distinta cuando se cuenta con mayores ingresos y quienes se encuentran en etapa escolar deciden que no desean continuar con estudios medios superiores y superiores.

Las encuestas realizadas con la población de la comunidad dan cuenta de brechas educativas importantes. Si bien más mujeres acceden a educación básica (primaria y secundaria), cuando se refiere a educación media superior y superior, son muchos más los hombres (4 %) que las mujeres (1 %) que llegan a esos niveles educativos. Esta información es relevante en tanto hace visible que las mujeres tienen menos posibilidades de movilidad social, pues sus oportunidades se ven limitadas al tener un menor nivel educativo.

Asimismo, durante el trabajo de campo se corroboró que todas las comunidades tienen acceso al nivel básico de educación. En el caso de la educación media superior, varios jóvenes se tienen que trasladar a Emiliano Zapata, Ciudad Sahagún o Acopinalco, que son los lugares donde hay instituciones de este nivel. Si bien existen algunas universidades cercanas la calidad de esta educación, se percibe como muy deficiente (48 %) o regular (36 %). Este dato resulta importante pues, de acuerdo con el IPS, la educación superior es uno de los aspectos más importantes para impulsar la prosperidad de un país.

Eje seguridad

La seguridad es un derecho humano que desafortunadamente en los últimos años no se ha garantizado a la población mexicana. Lo que sucede en el ámbito federal se refleja de distinta manera en cada contexto local; sin embargo, en general el país se ha convertido en un territorio donde la inseguridad es una constante cotidiana. En la región estudiada fue uno de los problemas más denunciados. El 48 % de la población lo considera una gran problemática. La principal manifestación de inseguridad son robos y asaltos que se dan a mano armada, ya sea en quienes transitan por las calles, los comercios o el tren.

La población identifica como las principales causas de esta problemática que falta capacitación para el personal de seguridad pública, así como carencia de armas y herramientas para la policía. Es importante también mencionar que se tiene la creencia de que con el arribo de la empresa llegará más gente a vivir a los poblados y eso genera incertidumbre respecto al nivel de seguridad. Este problema va ligado a la falta de interés por el bien común ya que, de no ser por el programa de “vecino vigilante”, no habría organización ciudadana para cuidarse de manera comunitaria.

En relación con la seguridad en la región, los encuestados la consideran regular (32 %), deficiente (24 %), muy deficiente (19 %) o buena (16 %). Las cifras son muestra de la gravedad del problema de inseguridad. Sin duda también es un tema prioritario en la región que requiere de la participación de todos los sectores para forjar un espacio seguro.

Respecto al mencionado programa “vecino vigilante” que existe en la comunidad, en la encuesta se preguntó si tenían conocimiento de este. Los resultados arrojaron que el 72 % no lo conoce, tan solo el 28 % sí lo conoce. En cuanto a si participan en él, solo el 5 % lo ha hecho. Al tratarse de una iniciativa ciudadana, es un área de oportunidad para fomentar la participación y organización de las y los ciudadanos de la región para el cuidado entre vecinos.

En relación con la problemática de robos y asaltos, los informantes señalaron que es la más frecuente. Incluso, identifican algunas calles por las cuales “no es recomendable pasar porque es conocido que asaltan, hay asaltos en días específicos, por ejemplo, los martes y jueves que las personas van a comprar a Tulancingo y Otumba” (Informante C). “Además, no hay personas que quieran ser policías por un salario bajo, no hay armamento, no asumen riesgos por eso” (Informante A). Lo anterior deja ver que la policía trabaja en condiciones inadecuadas, porque sin el armamento necesario solo podrán hacer frente a los delincuentes cuando estén en igualdad de condiciones.

Los datos que se ofrecen en esta sección son solo una muestra de las principales problemáticas que se identificaron en la región. Es importante visibilizar que, si bien se presentan de manera separada, existe una interdependencia entre todas las problemáticas que colocan a la región en un estado de permanente vulnerabilidad.

CONCLUSIONES

La región de estudio tiene un gran potencial de desarrollo. Su ubicación estratégica y las grandes extensiones de tierra, así como la existencia de bastos mantos acuíferos, hacen de la zona un lugar propicio para el crecimiento industrial. Si bien en la actualidad existen varias empresas en Ciudad Sahagún, en los terrenos de Apan y Emiliano Zapata se vislumbran proyectos para la llegada de nuevas empresas. Ante este panorama, la población se muestra entusiasta con la posibilidad de mejorar las condiciones de vida, ya que, en la actualidad, la región se ve envuelta en un círculo de precariedad laboral, bajos niveles educativos e inseguridad.

Si bien la población acepta la llegada de nuevas empresas, existen diversos temores que se vinculan a este crecimiento industrial. Entre los más grandes están: la escasez de agua y la inseguridad vinculada a la llegada de personas “desconocidas” a la región. El trabajo realizado en campo mostró que ante estos temores es fundamental propiciar un ambiente de honestidad y apertura en la relación entre la empresa y la comunidad, de modo que una eventual “mala reputación” no afecte ese vínculo, generando, en cambio, el ambiente idóneo para el desarrollo de las operaciones de la empresa.

Existen diversas necesidades que aquejan a la región en temas de salud, educación, empleo y seguridad, por mencionar las más integrales y sentidas. Sin embargo, la población necesita un impulso para ser corresponsable del desarrollo de su comunidad. El ejercicio ciudadano es cada vez menos importante y practicado, las personas tienen poca atención por el bien común y, sin duda, promover la cohesión, el emprendimiento y el trabajo colectivo generaría una importante ventaja competitiva para la región.

Los hallazgos anteriores sirven de base para señalar que la satisfacción de necesidades de las comunidades relacionadas con cada una de las áreas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), sí debe ser una prioridad estratégica de las empresas que aspiran incursionar o perdurar en un territorio. Tal priorización, demanda trascender el enfoque tradicional de gerencia o management (por demás, obsoleto), bajo el cual se subordinan todas las acciones organizacionales a los intereses de los grupos de accionistas (Friedman, 1970; Freeman, 1984). Como alternativa a ese management tradicional, se perfilan nuevas escuelas en auge a nivel mundial, tales como la gestión sostenible (sustainable management) o la gestión humanista (humanistic management) (Pirson y Lawrence, 2010; Pirson y Steckler, 2019; López et al., 2018; Alpkan y Gülsoy, 2019; Lynch, 2019; Largacha-Martínez, 2020).

No obstante, bajo la definición del progreso social como “capacidad de una sociedad de satisfacer las necesidades humanas fundamentales de sus ciudadanos” (Porter y Stern, 2018, p. 3), las empresas, así como cualquier otro tipo de organización, constituyen uno entre múltiples actores (jurídicos y naturales) que pueden y deben ser corresponsables del desarrollo social a nivel global. En ese interjuego de actores corresponsables en la construcción de territorios sostenibles, la academia y sus procesos de producción de conocimiento emergen como medios potenciales para construir confianza y proyectar acciones conjuntas entre comunidades y empresas. Así, por ejemplo, la investigación en la cual se basa este capítulo dio cuenta de un grado significativo de desconfianza de la comunidad hacia la empresa, así como de baja participación comunitaria en la solución de problemáticas locales, especialmente en el ámbito ambiental. Sin embargo, también hay indicios de una actitud proactiva de actores comunitarios, manifiesta en un alto grado de disposición a emprender negocios. Y aunque en principio pudiese pensarse que el emprendimiento tiende a orientarse hacia fines de lucro privado/particular, diversos autores coinciden en que la configuración de clústeres de emprendimiento, enfocados en la creación de valor compartido (Porter y Cramer, 2018) (que incluye cuidado del medioambiente), puede ser la base de procesos de desarrollo local, tanto en términos económicos como sociales (Isenberg y Onyemah, 2016).

Asimismo, es importante subrayar que, desde una perspectiva de innovación social (Díez, 2013), el papel potencial de la academia frente al desarrollo local supone una postura crítica ante un posible paternalismo bajo el cual se espera que las empresas satisfagan plenamente las necesidades comunitarias, sin un sano co-protagonismo de los actores locales. En la práctica, lo anterior se traduce en que, por ejemplo, si comunidades como la consultada en el Estado Hidalgo señalan que la imposibilidad de emprender iniciativas se debe a la falta de capital, la respuesta empresarial, en clave de innovación social, no puede limitarse a entregar así, sin más, esos capitales. Más bien, es necesario construir un tejido de relaciones que —gradualmente— lleve a espacios formales como, por ejemplo, rondas de negocios sociales, en las cuales las comunidades presenten sus propuestas frente a actores empresariales que entran a jugar, ya no solo como ofertantes de productos, servicios o empleo, sino también como inversores que saben poner en un sano (e indispensable) balance sus intereses privados con el bien común, en aras de un desarrollo local sostenible.

REFERENCIAS

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